“Me dan terror las manos de mi madre / no estoy lista para parecerme”, escribe Lula Bauer al comienzo de Un instante de luz puede quebrar una capa de hielo. La madre está por morir. La hija empieza a envejecer. En ese parecido aparece una pregunta que recorre el libro: qué hacemos con lo que recibimos cuando nos toca cuidar a alguien más.
Entre acompañar la agonía de su madre y criar a su hijo, la voz de estos poemas lleva flores, llama por teléfono, visita un geriátrico. También recuerda una infancia atravesada por el miedo y las palabras que lastiman. El cuidado convive con esa historia: hay rabia, cansancio, culpa y ternura. Se puede desear que la agonía termine y, después de llorar, llamar para escuchar que la madre todavía respira.
La herencia pasa por las manos, por las formas de querer, por una vajilla que vuelve a usarse en otra casa. Con el hijo se abre la posibilidad de construir otro vínculo: acompañarlo hacia una vida que será suya. Afuera hay flores y pájaros; también escenas donde la belleza y la muerte se encuentran.
Lula escribe con una lengua directa, de preguntas y repeticiones que insisten donde duele. Un instante de luz puede quebrar el hielo, dice un poema. Otro reconoce que algunas capas profundas permanecen. Entre esas dos certezas, el libro busca una forma de seguir cuidando.
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Precio final: $19.000,00
“Me dan terror las manos de mi madre / no estoy lista para parecerme”, escribe Lula Bauer al comienzo de Un instante de luz puede quebrar una capa de hielo. La madre está por morir. La hija empieza a envejecer. En ese parecido aparece una pregunta que recorre el libro: qué hacemos con lo que recibimos cuando nos toca cuidar a alguien más.
Entre acompañar la agonía de su madre y criar a su hijo, la voz de estos poemas lleva flores, llama por teléfono, visita un geriátrico. También recuerda una infancia atravesada por el miedo y las palabras que lastiman. El cuidado convive con esa historia: hay rabia, cansancio, culpa y ternura. Se puede desear que la agonía termine y, después de llorar, llamar para escuchar que la madre todavía respira.
La herencia pasa por las manos, por las formas de querer, por una vajilla que vuelve a usarse en otra casa. Con el hijo se abre la posibilidad de construir otro vínculo: acompañarlo hacia una vida que será suya. Afuera hay flores y pájaros; también escenas donde la belleza y la muerte se encuentran.
Lula escribe con una lengua directa, de preguntas y repeticiones que insisten donde duele. Un instante de luz puede quebrar el hielo, dice un poema. Otro reconoce que algunas capas profundas permanecen. Entre esas dos certezas, el libro busca una forma de seguir cuidando.